La magia de los Celtas

29.2.16

Por Elizabeth Arocena.


“Que el camino salga a tu encuentro. 
Que el viento siempre esté detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos. 
Y hasta que nos volvamos a encontrar,
 Que Dios te sostenga con el puño de Su mano […]”

Bendición irlandesa.

Cuando pienso en los celtas, inmediatamente la imagen que se presenta en mi cabeza es la de los verdes campos de Irlanda, o las románticas Highlands escocesas. La literatura a lo largo de los últimos años ha servido para alimentar las fantasías rosas de muchas mujeres que desean que el valiente, raudo, apuesto, y musculoso highlander las rapte y se las lleve a su castillo de piedra rodeado de brezo.
Sin embargo, hablar de los celtas particularmente nos lleva a internarnos en una cultura profunda y antigua, con tradiciones poderosamente arraigadas en su gente, de sangre caliente y espesa que estaba presta a salir a la batalla por defender a su clan.
Sus orígenes se remontan a Asia, extendiéndose luego por toda Europa. Primero ocuparon el Norte y Centro para irse desplegando en su carrera hacia Occidente, lo que les llevaría a las islas Británicas, al norte de Francia, Suiza e Italia para terminar en su progresión occidental en la península ibérica. Alrededor del siglo IV a.C. fueron desplazados con la llegada de los pueblos germánicos.
Irlanda.
 Por alguna razón singular los celtas que se aposentaron en Irlanda fueron capaces de crear un universo tan acorde con el ambiente, en lo que se refiere a la emotividad de los seres humanos y a la tierra que estaban pisando que echaron unas raíces tan hondas que nadie las pudo eliminar.

Muchos han sido los invasores de Irlanda, desde los romanos hasta los vikingos, sin olvidar la cristianización con el ya conocido mundialmente como San Patricio, procedente de Britania, durante el siglo V. En todos estos procesos pudieron desaparecer los tesoros celtas, destruirse sus monumentos y transformar sus tribus, así como se edificaron iglesias, catedrales y otros edificios, pero no se eliminó lo céltico. 
Los monasterios irlandeses como centros de intelectualidad proporcionaron al resto de una Europa arrasada e inculta la influencia de la cultura celta, de sus leyendas, sus mitos, sus leyes, sus celebraciones e incluso de sus viejos Dioses que hasta entonces estaban bajo tradición oral y bajo condena de desaparición. De esta tradición se alimentarán más tarde los trovadores Occitanos y nacerán los Grandes mitos medievales. De esta manera, la existencia de los Celtas y su mundo nos es conocida por las historia del rey Arturo, de los Caballeros de la mesa redonda, del mito del Grial y de Merlín.


Escocia
Generalmente se considera que son ocho las Naciones Celtas: Irlanda, Escocia, Isla de Mann, Cornualles, Bretaña, Galicia y Asturias. Los Celtas estaban continuamente en movimiento, a la primera migración pertenecen los gaélicos en Irlanda y en el norte de Escocia; una segunda oleada estaría constituida por lo que se denomina la rama britónica, de aquí proceden los galos, los belgas, los bretones. Estos pueblos fueron ocupando lentamente el territorio de Europa occidental, incluidas las Islas Británicas, desde la zona del Rin hasta el noroeste de España (Galicia) y la llanura del Po (Italia).
La religión céltica viene marcada por el mundo que rodeaba a estas sociedades, sin templos ni dioses físicos; el árbol se sitúa como elemento central de sus creencias, el cual simbolizaba la unión entre el mundo de los dioses y el espacio terrenal de los mortales. En este sentido hay que entender que dependían completamente de lo que la naturaleza les proporcionaba, así pues, no es de extrañar el gran peso que se sigue dando hoy a los espacios naturales de Escocia y el enorme interés que existe por la conservación de estos, con diversas figuras de protección así como la educación al ciudadano, demostrándolo en cada parque, en cada árbol, en cada rio, que preservan y cuidan, como si su más preciado bien se tratase.

Druidas, el brazo armado de los celtas


Con semejante título parecería que los druidas eran la fuerza de choque de la sociedad celta, y lo eran, pero no como guerreros armados, sino como miembros de la clase sacerdotal en Gran Bretaña, Irlanda, la Galia (Francia), y posiblemente otras partes de la Europa Céltica durante la Edad de Hierro, e incluso antes. Los romanos temían las ideas y las prácticas sociales encabezadas por los druidas, totalmente contrapuestas a las romanas (igualdad social de la mujer,  tierras colectivas, gobierno mítico) así como la capacidad que tenían de poder encabezar una rebelión contra Roma.
La palabra druida proviene del latín druides, que a su vez fue considerada por los antiguos escritores romanos proveniente de la palabra nativa en céltico para esas figuras sacerdotales.
Una de las pocas cuestiones en las que coinciden las fuentes grecorromanas e irlandesas acerca de los druidas es que éstos jugaban un papel importante en la sociedad celta. Julio César, en su descripción sobre la sociedad gala, señalaba que los druidas eran uno de los dos grupos religiosos más importantes (junto a los nobles) y eran responsables de organizar el culto, los sacrificios, la adivinación u oráculo y los procedimientos judiciales.

El origen de la casta druídica tiene sus raíces en la época en que los primitivos cazadores-recolectores vieron al roble como símbolo de plenitud (en el período anterior al año 4000 a.C. los bosques de robles cubrían Europa). Estas gentes recogían bellotas para alimentarse, que eran fáciles de almacenar para su consumo en épocas duras. Parece ser que hasta el siglo XII se consideraba la bellota básica para la alimentación, equiparable al grano. También la madera del roble ayudaba al sustento de la tribu: madera para hogueras, y viviendas; observaron que el roble era el árbol más útil y generoso, surgiendo una veneración hacia él y apareciendo “los sabios del Roble”, ya que tener un conocimiento de los árboles proporcionaba técnicas de supervivencia y sabiduría.
Los druidas históricos se casaban y tenían hijos. Parece ser que se trataba de una casta hereditaria, según confirman textos antiguos. Respecto a su vestimenta, la primera alusión que apareció era la de Plinio, indicando que vestían ropas blancas. Sin embargo, Estrabón decía que vestían ropas multicolores bordadas en oro (se cree que podría ser un tipo de tartán o tela escocesa a cuadros). Se dice también que llevaban collares dorados en forma de serpiente, asociada a los héroes.
Durante la Edad Media, después de que Irlanda y Gales fueran cristianizados, los druidas aparecieron en cierto número de fuentes escritas, principalmente cuentos e historias tales como Táin Bó Cúailnge, pero también en las hagiografías de varios santos. Todas éstas fueron escritas por monjes cristianos.

Arte Celta


El arte antiguo de los celtas se caracteriza por el horror vacui (horror al vacío) aplicado a los diseños, aunque a veces también se encuentran representaciones artísticas minimalistas. Muchos presentan abundante colorido y mucha imaginación deleitándose en la representación de intrincados diseños geométricos y estilizadas líneas que fueron fuente de inspiración más tarde para los artistas en la época cristiana en la confección de excepcionales y hermosos manuscritos iluminados como en el Arte Celta Medieval o en el período de arte Insular por monjes celtas.

Los remanentes artísticos encontrados pertenecientes a la cultura céltica incluyen representación de aves estilizadas, animales y representaciones humanas, hechas a mano con tal maestría que son realmente objeto de admiración por el espectador. La fluidez y nivel de detalle en la terminación dan la impresión de estar llenos de vida y movimiento. Produjeron metalurgia sofisticada, piedra y talla en madera decorando estos objetos con una variedad de estilos geométricos, como los anudados y diseños en espiral, así como estilizados animales y figuras humanas.
 El arte Celta es ornamental, evita las líneas rectas y sólo ocasionalmente se utiliza la simetría. Las elaboración  de las figuras en formas estilizadas permiten combinar difíciles formas de representación que se pueden apreciar diferente en dependía de la posición en la que el espectador está observando el objeto. Su arte a menudo contiene un simbolismo complejo en el cual los patrones, los números  y su repetición conforman el diseño de la figura.

Utilidad y significado de los Símbolos Celtas

Los símbolos estaban imbuidos de magia ancestral, que los llenaba de su poder de protección para los guerreros en las batallas, los partos, las cosechas, e incluso el mando del jefe del clan. Cada uno de ellos llevaba encima la impronta típica de lo que nosotros llamaríamos “arte celta”, aunque no estaba visto por ellos de esa manera.  Sus geométricos dibujos esconden siglos de creencias, de rituales y poderes mágicos que pocos conocen; han estado unidos a los Druidas y con ellos, a la naturaleza. Mi favorito: el Trisquel, en el cual encontramos el equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu o el pasado, presente y futuro. Relacionado con el principio y el fin de las cosas, para los Druidas simbolizaba la eterna evolución y el continuo aprendizaje.
Entre los cientos que se conocen podemos nombrar a varios más que nos acercan de un modo preciso a esta poderosa cultura:

·         Awen: en gaélico significa inspiración. Este símbolo representa la armonía entre lo opuesto. Cada uno de los dibujos de los extremos representan la dualidad, y la raya que se encuentra en el medio simboliza la armonía entre ellos.
 ·         Claddagh: un símbolo utilizado aun en la actualidad compuesto de tres partes, cada una de ellas con un significado propio. La corona simboliza la lealtad, el corazón representa el amor y las manos que lo sostienen simbolizan la amistad. Este símbolo podemos encontrarlo en los anillos que, según cuenta la leyenda, los antiguos amantes celtas portaban como símbolo de compromiso.
·         El Crann Bethadh o árbol de la vida: Era un símbolo sagrado, representa el mundo de los espíritus, el bienestar y la integridad de las aldeas. Refleja la conexión de sus ramas, que tocaban el cielo, con sus raíces, que descendían al mundo de los muertos. Cada árbol poseía un significado distinto, desde la protección del abedul a la imaginación del sauce o la sabiduría del fresno.
·         Nudo Perenne: Representa la unión eterna, la imposibilidad de deshacer el lazo del amor más allá del tiempo y el espacio. En las bodas celtas se intercambiaban este símbolo en señal de su amor, con la confianza de que su unión sería para siempre. La tradición dice que el nudo perenne evita que el amor sufra los desgastes del tiempo. Representa también el complemento, el apoyo y la fusión con la pareja.
·         Nudo Celta: El nudo celta es más bien un estilo de decoración que un símbolo. Existían varios tipos de nudos que se utilizaban en ornamentaciones, desde la época de los romanos en mosaicos o monumentos y más adelante podemos encontrarlos en la decoración de escritos cristianos. La combinación entre ellos daba como resultado verdaderas obras de arte.

La magia de los celtas

Anteriormente hablábamos de los Druidas, como brazo armado del pueblo, por eso no podemos dejar de mencionar, a modo de cierre de este pequeño artículo a la magia propiamente dicha, de los Celtas.

Como no podía ser de otra manera, la magia estaba centrada en las creencias firmemente enraizadas en la Tierra y en los Espíritus elementales que constituyen la propia esencia de la Naturaleza, lo que incluye los cinco Elementos básicos que la conforman: Aire, Agua, Tierra, Fuego y Espíritu.
Se caracterizaba por mostrar un gran respeto por la tierra, el interés hacia el conocimiento constante, las cualidades curativas de las plantas y las piedras, así como su aplicación para mejorar la salud de humanos y animales,  y el uso de los flujos energéticos de la tierra, los árboles y formaciones rocosas, lagos, y ríos.
Los brujos o magos debían cultivar cuatro poderes que se constituían en normas antiquísimas de iniciación, consistentes en "saber" (noscere), "atreverse" (audere), "querer" (velle), y "permanecer callado" (tacere), relacionados con los Cuatro Elementos: saber se corresponde con el Aire; atreverse se corresponde con el Agua; querer se corresponde con el Fuego y callar se corresponde a la Tierra. Existe un quinto elemento tanto o más importante que estos cuatro: evolucionar, ir, progresar, andar, que se corresponde con El Espíritu que habita en el interior de todas las cosas.

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