Nunca lo olvidaré

9.2.17

"Nunca dejes de imaginar, de soñar, de reír. No te mentiré Iris, si hay cosas malas, oscuras. Sin embargo también hay cosas buenas, absolutamente maravillosas. Una no puede vivir separada de la otra. Pero tu eliges donde focalizar." 
⬥El padre de Iris

DÉMETER

12.10.16


Es llamada de diversas formas. Su nombre tiene muchos significados, uno de ellos es el umbral del misterio de la feminidad, otro la continuidad del instinto maternal. Al analizar su nombre, la segunda parte de este, "meter", es sinónimo de madre, mientras que la primera parte "Dé", se lo relaciona, según dicen, con la palabra grano. Hablamos de la diosa Démeter, la diosa de la cosecha, la nutridora, la madre. Suelen describirla como una mujer fuerte y bella, de largos cabellos con espigas doradas e imágenes de granos de maíz, en sus manos vestida con una túnica azul.
Ella es el arquetipo de la madre. Representa el instinto maternal efectuado, a través del embarazo o, mediante el suministro de alimentos físicos, psicológicos o espirituales a los demás.
Se dice, que al rechazar los servicios o ayuda de una mujer con este arquetipo, tiende a caer en una depresión profunda.
En general,  se relaciona con el instinto  maternal con hijos biológicos o no. En tal  caso las niñeras, maestras pueden llegar a portar a Démeter, porque les agrada  continuar  expresando su amor materno.
Les  encanta preparar grandes comidas para la familia y para los invitados. Si trabajara en un oficina disfrutaría servirles café a sus compañeros. Según he leído, las mujeres Démeter  elegirían una carrera universitaria que ayude a los demás. Pueden llegar a tener buenos resultados y ser brillantes. No serán competitivas o ambiciosas, sino todo lo contrario serian buenas compañeras y anfitrionas.
Las profesiones como la enseñanza, trabajo social, terapeutas,  pediatras, voluntarios en hospitales son relacionadas con Démeter. Sin embargo, esto no quiere decir que toda  mujer, que sea maestra jardinera posea este arquetipo, como así también una madre.
En los tiempos que corren, el feminismo como el machismo son temas que  continuamente se exponen en los medios. La mujer Démeter posee  sentimientos encontrados con el feminismo, porque siente que desvalorizan el rol de la maternidad. Esto puede llega a producir en ellas, la presión de trabajar fuera del hogar, cuando en su interior desean ser madres a tiempo completo. Sin embargo, no están en contra de algunas ideas,  que el movimiento feminista  propone como la protección de los  niños contra  los malos tratos, y los  refugios  para las mujeres maltratadas. Estas ideas son fuertemente  apoyadas por ellas.
El conocido mito Démeter es acerca de la hermosa, y profunda unión de madres e hijas. Hasta nos hace comprender, cuan compleja puede llegar a ser dicha relación.
Según cuentan, su hija Perséfone estaba recogiendo unas flores en el prado, hasta que encuentra un bello narciso. De repente, al acercarse, la tierra se abre en dos emergiendo de las profundidades, el dios Hades quien la secuestra, y la quiere convertir en su esposa.
Al desaparecer su hija, Démeter la busca incansablemente por cielo y tierra. Todo su dolor, tristeza se veía reflejado en los cultivos, en las flores marchitandose, hasta en la maduración de los arboles y cereales.
photo by afabulousfete
Llegando el invierno Zeus decide mediar y persuade al dios Hades, para que devuelva a Perséfone a su madre. Sin embargo, este le ofrece a la niña seis granos de granada roja, que ella come convirtiéndola en la esposa de Hades, Reina del Mundo Subterráneo.
Debido a esto se tuvo que llegar a un acuerdo: seis meses del año Perséfone lo pasaría con Démeter, y los otros seis con Hades.
Los días luminosos, llenos de flores proveniente de la primavera y del verano, era indicio de que madre e hija estaban juntas. Su alegría era inmensa y contagiosa. Mientras que los días grises y fríos, del otoño e invierno Perséfone se encontraba con Hades.
Démeter tiene como prioridad nutrir. Ella abraza, cuida, y alimenta cada proyecto que en tu vida aparezca. Nos aconseja, que de la misma forma que respondemos a los demás, lo hagamos con nosotras mismas. Escucharnos, mimarnos y tratándonos cada día un poco mejor lograremos recuperar la seguridad, la confianza y sobre todo animarnos a los cambios. Amando sin esperar nada a cambio. Dar sin esperar recibir.

Fuentes: "El oráculo de las diosas" por Silvia Selowsky. "Las Diosas de cada mujer" por Shinoda Bolen Jean. 


-Control-

29.8.16

Fotografía de Els Vanopstal.

<<Las personas controladas siempre están nerviosas, porque en lo profundo hay un torbellino oculto. Si no te controlas,si fluyes, si estas vivo, entonces no te pones nervioso. No tiene sentido estar nervioso: lo que tiene que suceder sucede. No tienes expectativas con respecto al futuro, no estas fingiendo. Así que, ¿por qué tendrías que estar nervioso?
Para controlar la mente, uno tiene que permanecer tan frió y congelado que impida a la energía vital penetrar en el cuerpo. Si se permite a la energía moverse, todas estas represiones saldrán a la superficie. Por eso, la gente ha aprendido a ser fria, a tocar a otros sin tocarlos, a ver a otros sin verlos. La gente vive con clichés:<<¡Hola!, ¿cómo estás?>>. A nadie realmente le importa. Esto solamente se hace para evitar el encuentro real entre dos personas. La gente no se mira a los ojos, no se coge de las manos, no se permiten fluir el uno con el otro. Tienen miedo; simplemente aguantan. Fríos y muertos, están metidos en una camisa de fuerza.>>
-Osho, Dang Dang Doko Dang

Open Your Mind

11.6.16

Obra inspirada en el trabajo de Antonio Moro.
Las puertas estuvieron cerradas por mucho tiempo. Doy un respiro, me detengo en el presente y contemplo mi alrededor. Una pregunta flota por el aire "¿Quien soy?" y en el fondo de mi corazón aparece la respuesta: "Soy yo. Yo soy". Esa es la única verdad.
Sin previo aviso una luz calidad ilumina mi mente, sus puertas se abren y una nueva aventura comienza.
Abre tu mente, y descubre todas las maravillas que puedes hacer con ella. Eso si, tenemos dos mentes. Nunca olvides al corazón, porque sin el estaríamos perdidos.

Una Hermandad con aires medievales

Por Elizabeth Arocena

Dante Gabriel Rossetti, Perséfone.
Hace mucho que no escribo, y las palabras que por momentos, cuando voy caminando por la calle, o cuando estoy bajo el chorro de la ducha aparecen, al sentarme frente a la computadora se niegan a reproducirse. La idea, por ejemplo, de escribir una columna sobre los artistas denominados por sí mismo Prerrafaelistas, surgió hace bastante tiempo, siempre rondando, mareando mi mente, como insistiendo en que hablara de ellos, pero por una cosa o por otra, los dedos no se movían sobre las teclas. Por esa razón, me estoy obligando a ello, pues en cuanto comienzo a escribir, las palabras solo brillan y se imprimen en la hoja en blanco que era este documento de Word recién abierto.
Para empezar, he de decir que el solo nombre “prerrafaelista” me confundió toda la vida, pues en mi mente no se concebía como algo lógico que artistas del siglo XIX estuvieran vivos en el Renacimiento, o incluso antes, y eso se debía a que le daba más importancia al sentido literal del nombre de este movimiento, que a la idea que generaba. Yo solo podía pensar: “arte que estuvo antes que Rafael”, y necesite releer la definición varias veces hasta que me quedó grabado en la memoria. Suena ridículo, lo sé, pero me ha pasado por años.
Para ponernos en tema: los Prerrafaelistas, surgieron como una asociación de pintores, poetas y críticos ingleses, fundada en 1848 en Londres por John Everett Millais, Dante Gabriel Rossetti y William Holman Hunt, que rechazaban el arte académico imperante en Inglaterra durante ese momento, centrando sus críticas en Sir Joshua Reynolds. Desde su punto de vista, la pintura académica reinante no hacía sino perpetuar el manierismo de la pintura italiana posterior a Rafael y Miguel Ángel, con composiciones elegantes pero vacuas y carentes de sinceridad. Por esa razón, ellos propugnaban el regreso al detallismo minucioso y al luminoso colorido de los primitivos italianos y flamencos, anteriores a Rafael (de ahí el nombre del grupo), a los que consideraban más auténticos.